La opulencia, el crecimiento y el medio ambiente

Por mucho que nos cueste asumirlo o lo mucho que algunos intenten negarlo, el cambio climático es un hecho. Es duro pensar que nuestras acciones puedan presentar un riesgo para el medio ambiente. Sin embargo, sus efectos ya están aquí, y hace décadas nos lo vienen advirtiendo.

Nuestra sociedad actual, gracias al desarrollo tecnológico, es la que más rápido ha cambiado; y si no lo creen piensen simplemente en el uso que han tenido de la tecnología desde que nacieron. ¿Cuántos teléfonos había en sus casa en su infancia? Queremos lo más nuevo y lo más caro. Queremos comprar ropa, joyas, coches, etc. cada vez con más frecuencia. Pero, ¿qué pasa con el medio ambiente?

Hay un día muy oscuro en nuestro año, y que pasa normalmente muy desapercibido. Es el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, que en 2019 fue el 29 de julio. Hasta esa fecha se consumen todos los recursos que el planeta produce durante ese año, es decir, es cuando empezamos a robarle a nuestro futuro y al resto de especies del mundo. Durante el 2020 ocurrió por primera vez que esta fecha se retrasó a causa de la pandemia mundial, y se situó en el 22 de agosto. Es decir, a pesar de estar todos metidos en casa durante meses, seguimos consumiendo más de lo que la Tierra puede producir. (Aquí podéis calcular vuestro gasto ambiental personal).

Quiero preguntarles algo: ¿Por qué creen que sucede esto? ¿Creen que es verdad esa frase que dice que si no avanzas es que vas hacia atrás? George Monbiot acusa que la idea del crecimiento perpetuo es totalmente absurda. Los crecimientos sugeridos por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) del 3% anual suponen duplicar el producto interior bruto del país en 24 años. Pero ¿quién dice que eso es lo que necesitamos?

Parece que crecimiento y desarrollo estuvieran ligados intrínsecamente. Eso es lo que nos enseña nuestro modelo de sociedad de consumo, pero, independientemente de si es el modelo adecuado o no (depende de cómo se mire, imagino), queda claro que no es sostenible en el tiempo. Esto ha impulsado una corriente político-económica llamada “decrecimiento”, la cual busca reducir el extractivismo y generar un nuevo equilibrio con la naturaleza, una sostenibilidad que actualmente no tenemos. Hoy, esto se hace más urgente que nunca con las predicciones de escasez de materiales, aumentos de costes de elementos necesarios en nuestra sociedad, etc.

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Según comenta Alfons Pérez, es cuestión de tiempo, pero “el decrecimiento llegará por las buenas o por las malas, será inevitable, porque los recursos son finitos.” Quedarían entonces dos opciones: seguimos así y las cosas cambian bruscamente en forma de guerras, hambrunas, migraciones masivas, sequías, etc., o bien cambiamos nosotros gradualmente, siguiendo los principios del decrecimiento. Esto supondría dejar que el capitalismo muera progresivamente. ¿O no? Una idea surge con esto, y es que posiblemente sea factible hacer que el decrecimiento sea atractivo desde un punto de vista económico, alguna forma de que le perdamos el miedo a la austeridad.

Imagen de Kamiel Choi en Pixabay

Hace poco escuchaba que “todo el mundo come del crecimiento, pero nadie del decrecimiento”. A mi me da la sensación de que eso está mal pensado, y que realmente el crecimiento queda sólo en manos de pocos; la guerra de clases continúa. Sin embargo, el decrecimiento no significa que nos falte lo esencial, sino que no queramos vivir todos como el 1% más rico de la población. Y pensarán que sí, que qué bonito todo, pero no traigo nada nuevo, ninguna solución. Bueno, propongo algo que parece un poco inviable en principio, pero viendo que el decrecimiento puede llegar “por las malas”, ¿por qué no intentarlo?

 

Propongo que los músicos y cantantes dejen de salir en los videoclips con joyas, dinero y mansiones. Propongo que no se confunda el éxito con tener dinero. Propongo que no se creen falsas expectativas en las personas ni se idealice el poder adquisitivo. Propongo que no nos eduquen para pensar que más es mejor, reforzar el concepto de solidaridad y no el de opulencia. Propongo escuchar más a Yayo Herrero y Carlos Taibo, y menos a la OCDE.

El ex-presidente de Uruguay permaneció en su casa cuando le ofrecieron la casa presidencial, porque el hecho de que no haga falta es suficiente motivo, él quería vivir con lo justo. Todos queremos más, y ese es, al menos, uno de los problemas. Decía José Luis Sampedro que el sistema está roto, y que al convertirlo todo en mercancía y la persecución del dinero ha destruido todos los otros intereses maravillosos de la humanidad. Volvamos a ser humanos, con todas nuestras capacidades, dejemos de perseguir algo que no necesariamente nos dará felicidad. ¿Podría reevaluar sus necesidades y ver qué es realmente fundamental en su vida?

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