¿Y si la verdad no existe?

¿Recordáis la primera vez que escuchasteis que el universo es infinito? Para mi era un sinsentido. No sé si alguna vez lo pensasteis más allá, pero en mi cabeza siempre resonaba el “vale, es infinito, pero ¿dónde está? ¿Qué hay más allá?”.

Por supuesto es la mente de un niño divagando, pero son preguntas que no podemos situar bien. En parte es porque nuestro cerebro animal se ha desarrollado en este mundo, con su atmósfera, gravedad, colores, etc. Esto genera, al menos de momento, límites a nuestra comprensión, y es importante comprender esos límites. Pero hay algo más allá de nuestras limitaciones físicas: bajo nuestra perspectiva única, la realidad está completamente sesgada y no seríamos capaces de percibirlo. No podemos verlo ni conocerlo todo desde todos los puntos de vista.

Nuestra conducta está influida en mayor medida por nuestra percepción de la realidad que por  la realidad misma. Hay una gran variedad de factores, o filtros, que influyen sobre esa percepción. Percibir e interpretar son acciones que requieren mucha atención y tiempo, y hacemos “trampas” que facilitan la tarea pero que nos alejan de lo observado. 

Según la teoría de la disonancia cognitiva (Festinger, 1957), cuando se tienen dos pensamientos en conflicto se produce una tensión interna que pone en duda el sistema de creencias, emociones e ideas. Esto puede tener un marcado impacto sobre las actitudes, incluso puede modificar nuestra forma de pensar y actuar. Sin embargo, un individuo no está sólo sino en un contexto social que influye, y mucho, sobre su comportamiento. 

Murió la verdad
Murió la verdad, Francisco de Goya. Imagen de Poniol60

Es decir, no sólo nuestra percepción está totalmente condicionada por nuestra posición como individuo, sino que ésta a su vez lo está por nuestro entorno. ¿Cómo podríamos llegar a tener una actitud más abierta y más comprensiva con otras posturas? ¿Puedo llegar a pensar por mi mismo que mi visión es sólo eso y no “la verdad”? Es difícil dudar de uno mismo. Implica un sacrificio importante y una visión diferente para el cerebro, ya que supone intentar pensar como un ente ajeno. Se podría considerar una locura, pero a menudo se dice que no se debe juzgar a alguien sin ponerse en su lugar. Y ahí es a donde quería llegar.

El término “verdad” tiene 7 acepciones en la Real Academia Española, la primera de las cuales dice así: conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente. Pero ¿qué ocurriría si conocemos tan sólo una parte de ‘las cosas’? ¿Podría esto distorsionar nuestro concepto de la verdad?

Aprendemos a base de libros, de periódicos, de arte, de vivencias propias, de narraciones o cuentos, etc. Todos estos medios de aprendizaje tienen algo en común: ninguno es objetivo. Cuando narramos elegimos una visión de la historia. Nuestro profesor hizo más énfasis en tal o cual parte. La elección de una imagen en vez de otra puede generar un cambio enorme en nuestra idea, al igual que la elección de palabras. Por supuesto la editorial de un periódico o de una revista influyen muchísimo en cómo se cuenta algo. Todas las fuentes de información son subjetivas, ya que no vemos la totalidad de nada. ¿Cómo puede entonces alguien atreverse a decir que tiene en su poder “la verdad”?

Más no existen, en principio, verdades absolutas; hay, en realidad, una sola verdad absoluta, a saber: que no hay verdad absoluta en sí.

Nicolás Berdiaeff

Es una expresión poderosa, muy definitiva y sin duda una demostración de superioridad intelectual o al menos, falta de humildad, clamar que se tiene posesión de la verdad. Si en lugar de decir “la verdad es…” probamos a decir “mi verdad es…”, o “yo creo/pienso…” todo cambia. Esto no es nada nuevo; los sofistas griegos ya aseguraban que el ser humano era incapaz de conocer una verdad válida para todos, y cada uno tiene “su” verdad. Que la teoría sea de hace 2.500 años no la hace menos válida hoy en día. 

Incluso iré un poco más lejos. La realidad de alguien puede ser parte de “la verdad”. Por tanto es probable que nos podamos acercar más a ese concepto etéreo si conocemos las visiones de quienes nos rodean. Para ello es interesante conocer cómo han adquirido esa perspectiva, identificar sus ‘filtros’. Platón, poco después que los sofistas, consideró que sería adecuado tomar lo mejor de las diferentes teorías (de cada verdad) para crear una única realidad mejorada. Así podríamos conocer diferentes perspectivas, tener una visión más amplia de lo que ocurre. Pero también, y como por arte de magia o como efecto secundario, ocurre algo que no esperábamos. Esa persona con una opinión tan dispar a la nuestra se convierte en alguien no tan lejano. Casi sin querer mi vecino deja de ser un “contrincante”, y se pueden llegar a acuerdos.

Podríamos así dejar de juzgar a quien tiene una opinión diferente a la nuestra. Podríamos así dejar de ser sólo opiniones y volver a ser vecinos. Incluso podría ser el fin de la crispación social, porque… ¿Y si la verdad no existe?

 

Imagen de Mushki Brichta CC.

Imagen de Poniol60 CC-BY-SA-3.0.

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