La plaga que acabó con la democracia

La historia repite patrones y quizás actualmente estamos duplicando uno. En el siglo V a. C. se produjo una unión letal contra Atenas; el ataque militar de un sistema totalitario junto a una inesperada plaga. Armas, gérmenes y acero, como enuncia el libro de Jared Diamond. Esta combinación acabó con la democracia y sirvió de abono para los futuros imperios totalitarios. Fue un punto de inflexión para la historia de la humanidad. Después de esta plaga, nada volvió a ser igual.

El título que precede este artículo parece referenciar nuestra situación actual. No fueron pocas las imprudentes voces que elogiaron la rapidez y contundencia de los sistemas totalitarios ante el virus en 2020. Sin embargo, nada tiene que ver lo aquí descrito con nuestro mundo moderno, ¿o sí? Retrocedemos miles de años atrás en la historia donde otra plaga lo cambió todo. 

Nos encontramos alrededor del año 430 a. C. Por aquel siglo la región que hoy representa Grecia se encontraba en pleno conflicto entre sus ciudades estados más poderosas. La guerra del Peloponeso había comenzado. El enfrentamiento entre dos modelos sociales contrapuestos era inevitable; el sistema democrático de la floreciente Atenas frente a la diarquía (dos reyes) totalitaria de Esparta.

Al describir Atenas como la más floreciente ciudad estado de aquellos años no nos quedamos cortos. Es la Atenas del gran Pericles. El momento de las grandes construcciones como el Partenón, el florecimiento de los teatros, de la filosofía, el comienzo de la historia. Pero sobre todo, era la Atenas defensora de la igualdad para “todos” ante la ley. Un sistema social que emergió con fuerza y amenazaba a sus vecinos con expandirse. 

Esta democracia, aunque limitada para nuestros ojos actuales pero sorprendentemente avanzada para su época, se encontraba ante una seria amenaza. Esparta estaba decidida a acabar con ella y eso significaba “el todo o la nada».

Era la Atenas defensora de la igualdad para “todos” ante la ley. Un sistema social que emergió con fuerza y amenazaba a sus vecinos con expandirse. 

El enfrentamiento entre ambas potencias fue feroz, pero Atenas supo resistir el ataque. Los atenienses dominaban la mar, los Espartanos la tierra. Atrincherada tras sus infranqueables muros Atenas repelía cada envite del enemigo. Esparta era incapaz de penetrar en la ciudad. El cerco de aislamiento tampoco consiguió su objetivo pues las fortificaciones tenían salida al mar por el puerto del Pireo. Esto les granjeó los víveres necesarios para subsistir y no sufrir desabastecimiento alguno.

Atenas iba ganando la guerra, los espartanos se desgastaban. La democracia se imponía al totalitarismo. Pero esa apertura al mundo a través del Pireo no sólo trajo consigo alimentos. En alguno de esos cargueros viajó también, seguramente desde Asia o África, un pequeño microorganismo que cambiaría el curso de la guerra y de la historia. Un virus que encontraría el sustrato perfecto; una ciudad hacinada, repleta de personas sin espacio y listas para ser contagiadas.

Pixabay – Boboshow

El virus se propagó como la pólvora causando miles de muertos. Al igual que sucedió con la llegada de los españoles en América, la guerra biológica dañó a uno de los bandos combatientes. Los atenienses no podían hacer nada para evitarlo. Si abrían las murallas, los espartanos los matarían. Si se quedaban dentro, lo haría la peste que los asolaba. Las piras funerarias se encendieron día y noche. La ciudad era incapaz de contar sus muertos. Su propio dirigente, el gran Pericles, murió afectado por la enfermedad. El mando fue tomado por líderes menos capaces y la ciudad finalmente cedió ante Esparta. La democracia desapareció de la tierra para no volver hasta varios siglos después. 

Este cambio social, que aconteció en la edad del bronce como consecuencia de una epidemia, fue un momento clave de la historia. Muchos historiadores defienden que sus consecuencias abonaron un terreno propicio para la siguiente aparición de los Macedonios de Alejandro y la Gran Roma. Tal vez sin esta peste, el mundo antiguo hubiera tomado otro cauce. Nunca lo sabremos. Pero quizás la floreciente Atenas y su democracia se habrían expandido por el mundo conocido para llenar de filosofía e “igualdad” el mundo. Tal vez, este momento histórico, esa plaga, cambió la humanidad para siempre.

Es ahora cuando nos entran las dudas. Si reflexionamos y observamos la historia como algo que repite patrones (no hechos calcados), tal vez estemos ante otro punto de inflexión para la humanidad. Ahora es una pandemia, no una epidemia, pero antes el mundo no era tan grande. Tal vez de nuevo una epidemia, o una pandemia en nuestro caso, nos vuelva a mostrar los dientes de un nuevo sistema. Quizás nuestro mundo social estuviera cambiando y un microorganismo encontró nuevamente el sustrato para transformarlo del todo. 

 

¿Qué fue la plaga de Atenas? (scielo.cl)

La peste, la epidemia que asoló Atenas en plena guerra (nationalgeographic.com.es)

 

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