Curiosidades sensoriales

A quienes nos hemos criado viendo documentales con nuestros padres, y sin quedarnos dormidos, quizás nos sean conocidos estas curiosidades de la naturaleza. Por suerte para mi, la mayoría os quedábais dormidos viendo estos programas después de comer, así que puedo rescatar algunos extravagancias sensoriales de los animales.

Sin duda, algo que siempre me ha llamado la atención han sido las especializaciones de cada grupo animal para asegurar su supervivencia, ya sea para aprovechar mejor los recursos de que dispone o para tener alguna ventaja sobre otros. Los receptores sensoriales son esas estructuras maravillosas que permiten optimizar la adaptación al entorno, recogiendo la información de forma eficiente y siendo protagonistas absolutos en la carrera evolutiva. Las estructuras que nos permiten recibir todas esas señales del medio en que vivimos son los órganos de los sentidos.

Louisiana Sea Grant College Program Louisiana State University (CC BY 2.0)

Si los estímulos son químicos podríamos hablar de receptores químicos, en nuestro caso gusto y olfato. Sin embargo, estos sentidos sólo difieren en el formato en que nos llegan los estímulos. Y de hecho no son tan independientes; de ser así al congestionarnos no perderíamos tanto gusto como de hecho ocurre. Entonces, para muchos animales la distinción entre estos sentidos no tiene cabida. Por ejemplo, algunos vertebrados acuáticos, como el bagre o pez gato, tienen receptores por toda su piel. Entonces, ¿están oliendo o degustando el agua? Quizás para ellos no existe la distinción, simplemente sabemos que reconocen las feromonas (mensajes químicos) y otras sustancias en todo su cuerpo.

Otro tipo de receptores químicos los encontramos en los escorpiones. Curiosamente, estos receptores tampoco se encuentran cerca de la cabeza como en las personas, sino que los podemos ver bajo el último par de patas. Son estructuras visibles, en forma de peine, llamadas pectinas. Estos peines están repletos de terminaciones nerviosas, pero realmente no se sabe qué función cumplen. Lo que sí se conoce es que están relacionados con recibir señales químicas sobre la superficie en la que caminan y que probablemente también participen en algún comportamiento sexual. (1)

 

 

No todo es química, también la física corporal puede sorprendernos. Por ejemplo, podemos recordar cómo la anatomía facial de búhos y lechuzas es fundamental para la audición. La estructura ósea del cráneo de estas aves está desplazada verticalmente para poder distinguir mejor de dónde vienen los sonidos. Pero no es sólo eso, sino que la disposición de las plumas de la cara ayudan a dirigir el sonido hacia el oído externo de la rapaz. Igual que podemos distinguir de donde vienen los sonidos dependiendo de por el oído al que llegan antes en nuestro cráneo, el sistema nervioso del búho puede usar ligeras diferencias en la calidad del sonido para localizar el origen del sonido en su hábitat.

Jim Williams

La audición no es más que una localización de señales mecánicas, es decir, cambios de presión en el ambiente. Esto lo han aprovechado a la perfección los peces, disponiendo receptores de estos cambios de presión sobre todo dispuestos en una línea a lo largo de todo su cuerpo. La llamada “línea lateral” está llena de mecanorreceptores, células que pueden detectar esos cambios de presión en el agua, convirtiéndose en una especie de “tacto a distancia”. Con esto pueden, no sólo detectar presas o depredadores, sino que en los bancos de peces ofrece una herramienta fundamental para poder tener movimientos al unísono.

Cuando hablamos de visión también nos referimos a recibir señales del medio, excepto que en esta ocasión se trata de ondas electromagnéticas con características muy particulares. Unos receptores lumínicos muy básicos ya son de por sí una maravilla de diseño, pero las complejidades que podemos encontrar en el reino animal nos dejan perplejos. Por ejemplo, no sé si conocéis los llamados peces “cuatro ojos”. Estos peces viven en ríos y aguas salobres normalmente, y están mayoritariamente en el límite que separa el agua del aire. De hecho, tienen parte del ojo fuera del agua, y la otra parte, dividida de la superior, dentro del agua, pudiendo así obtener dos imágenes diferentes, una dentro y otra fuera del agua, con la misma estructura.

Dave Hoover en Flickr

Los ojos me han resultado siempre fascinantes, y el cómo van cambiando de especie en especie, en algunas son más grandes, o de colores diferentes, más complejos que otros. Otras veces, la adaptación es a ver en condiciones de menos intensidad lumínica. Aunque hay muchas especies viviendo en esas circunstancias, queremos mencionar una estructura que se encuentra en algunos grupos completamente diferenciados como puedan ser gatos, cocodrilos y cetáceos. El tapetum lucidum es un tejido situado en el ojo que actua como reflector de luz, de forma que se aumenta la disponibilidad de luz que pueda llegar a los receptores. Es por esto que los ojos de algunos animales brillan cuando casi no hay luz.

 

Aunque podríamos seguir hablando de este tema durante mucho tiempo, quería cerrar con otra innovación sensorial que nosotros no compartimos. Se trata de electrorreceptores. ¿Quién los tiene? Son peces, algunos en agua dulce y que se han dado a conocer por modificaciones espectaculares para generar mecanismos de defensa. Sin embargo, quiero llamar la atención sobre otros animales, que son los tiburones, y que tienen ampollas de Lorenzini dispuestos por todo el cuerpo. ¿Cómo funciona? Estas estructuras super especializadas pueden detectar campos eléctricos casi imperceptibles con los que descubrir a sus presas.

Sensorial
Cultura científica

¿Conoces algunas que crees que debería incluir en mi próxima publicación?¿Eres de esos que se quedaba dormido y quieres saber más curiosidades de animales?

 

 

(1) David Attenborough. Life in the Undergrowth; BBC books.

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