¿Qué ha supuesto para mí ser madre?

Ser madre es, sin duda alguna, perder calidad de vida.

Ser madre es, sin duda alguna, perder calidad de vida. Tengo 32 años y creo que es lo más duro a lo que me he enfrentado, quizás porque no quise escuchar el relato de las madres que se quejaban, quizás porque la información que buscaba estaba bastante sesgada, o quizás porque la ilusión me pudo más que la razón en esta decisión. Lo cierto es que ser madre me agota, tanto a nivel físico como psicológico. Desde que me quedé embarazada empezó ya a fraguarse en mí esa sensación de incertidumbre que probablemente me acompañará ya para siempre. En mi caso, no siento que ser madre haya sido lo mejor de mi vida. Nunca me he encontrado peor a nivel físico que después de mi primer parto. Nunca he estado tan cansada como los muchos días que intentas ser funcional habiendo dormido 3 o 4 horas. Nunca me han hecho tanto daño las palabras de mi familia que cuando han cuestionado mi modelo de crianza. Nunca he dejado tan de lado a mi pareja que ahora que tengo niños.

Sebastian Nikiel en Pixabay

Pero analicé qué me estaba pasando, me enfrenté a mis sentimientos de arrepentimiento por haber tenido hijos, por mal que sonara, por mucho que me doliera, y comencé a aceptar que todo había cambiado. Tenía que dejar de pensar que antes todo era mejor, más fácil, porque eso me estaba matando. Y decidí aceptar el cambio. Darme tiempo y tener más paciencia. Me daba envidia ver a chavales en bicicleta, imaginar a dónde iban, si a la universidad, a quedar con sus amigos, o simplemente dar un paseo, y que yo ya no tenía esa libertad. Que hacía dos años que no montaba en bici y que si lo hacía, iba a ser con prisas o con un bebé colgando.

Cada madre tiene que convivir con su “yo de antes” y su “yo de ahora”, con las cosas que te siguen gustando, y las que ya no te gustan o no te merecen la pena. Para mí, lo mejor ha sido sincerarme conmigo misma, con mi pareja y con mis hijos. Si necesito “X” horas a la semana para trabajar más, para hacer alguna tarea, para practicar mi hobby o para no hacer nada, no tengo porqué sentirme culpable de no estar invirtiendo esas horas en mis hijos. Ahora sé que es sano estar tiempo conmigo misma, es sano echarles de menos, es bueno incluso porque ahora valoro más lo que tengo y llego con más ganas y algo más de energía. Es bueno poder darme a otras personas que no son mis hijos, ya que al fin y al cabo, mi pareja y yo somos sus referentes, y queremos que no se centren sólo en un aspecto de su vida, y para ello tendrán que verlo en casa.

Aunque estos primeros años de crianza ineludiblemente mi relación de pareja pasó a un plano secundario en muchas ocasiones, hemos construido nuevos vínculos, tenemos nuevas complicidades y estamos conociendo nuevas facetas de nosotros mismos que no imaginábamos. Pero sin duda, él ha sido la principal persona que me ha ayudado en mi proceso de cambio, dialogando y esforzándonos mucho por hacernos felices el uno al otro por encima de los niños.

Por todo ello, aunque la maternidad no haya sido lo mejor que me ha pasado en la vida, por todo el proceso de aprendizaje personal que conlleva, sí siento que ellos son lo más importante de mi vida.

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