Escondite singular

Mucho me temo que vienen a por mí, a sacarme de mi refugio, de mi voluntario retiro, pero no pienso volver con ellos. Yo me quiero quedar aquí, apartado de todo, sólo deseo disfrutar de este pequeño y sorprendente planeta azul, de sus ríos, de sus montañas, del aire puro que aquí se respira y que por la tarde mece los árboles.

Conozco a los lugareños, soy uno más de su comunidad, un hombre de campo, más bien solitario, que vive en la cabaña del valle al pie de la montaña. En varias ocasiones les he ayudado con sus problemas, a ellos se les hace un mundo, pero para mi son cosas sencillas de resolver. Me lo agradecen y ello me reporta una inesperada satisfacción.

Al principio fueron sólo unos días, quería estar lejos de mi mundo, de todo lo conocido. Después, este lugar me atrapó, lo pensé mejor y decidí tomarme un año sabático y luego otro, y otro… ¿Cuántos van ya? No lo sé, cerca de doscientos, creo que he perdido la cuenta.

Ahí están ya, son mis hijos, veo en el cielo como parpadean las luces su nave, vienen para llevarme de regreso a casa. Como dicen los habitantes de este planeta “Menudo marrón”. A ver como lo hago ahora, para que se enteren, de una vez por todas, que yo aquí me quedo.

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