El restaurante de siempre

Quedaron en un restaurante italiano del casco antiguo. Tenía una terraza preciosa con flores sobre las mesas y enredaderas trepando por las paredes. Llevaban saliendo un tiempo así que ya habían quedado allí otras veces. Ir allí comenzaba a ser un clásico para ellos. Se sentaron en su mesa de siempre y se pusieron a ojear la carta. A pesar del aparente interés que ambos mostraban, ninguno pensaba realmente en los platos.

Él no lo sabía pero ella, le quería. Adoraba cuando dormían juntos, abrazados, mientras él le acariciaba suavemente el pelo. Siempre era capaz de levantarse sin despertarla y traerle el desayuno a la cama. Le encantaban sus abrazos, sus besos, sus caricias y miradas.

Ella no lo sabía pero él, la quería. Sólo necesitaba un rato juntos, charlando, para que el mayor de los problemas fuera insignificante. A su lado se sentía feliz. Soñaba con pasar juntos el resto de su vida. Quería que lo primero que ella oyera al levantarse fuera que él la quería.

Ellos no lo sabían pero…

– ¿Lo saben ya? – preguntó, sonriendo, el camarero.

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