“He abortado. ¿Te lo cuento?” Análisis de la experiencia.

Es difícil decidir qué incluir después de escuchar a varias mujeres contar sus vivencias con el aborto. Decidir cómo hablar, por dónde empezar, si mostrar, o no, casos particulares... Lo que sí es fácil es asegurar que este no será el único texto que escriba sobre las entrevistas. También es fácil expresar que mi experiencia personal al desarrollar este proyecto ha sido a la vez profunda, reveladora y maravillosa.

El primer lugar, he de decir que me siento muy afortunado de poder haber escuchado de primera mano momentos tan íntimos, sentir que ellas han elegido abrirse con nosotros, conmigo, y que esto no era sólo una ocurrencia mía, sino que es algo tremendamente importante para muchas de las mujeres con quienes conversamos. Todo nace con una amiga que me escribe un email para detallarme lo que había vivido, algo tan duro e invisibilizado que decidimos exponerlo. Tomando la revista como plataforma pudimos dar rienda suelta al planteamiento de buscar más personas que estuvieran dispuestas a contarlo, de forma anónima, por supuesto. Convencimos a la Asociación La Mandrágora para moldear y desarrollar el proyecto, y desde entonces, decenas de participantes nos han ilustrado cómo fue para ellas ese momento, y a la vez, qué experiencia tuvieron con el sistema médico. 

Aborto

Ocho de cada diez mujeres hablaron de un proceso en el sistema de salud andaluz. Aunque este fue nuestro foco inicialmente, tener algunos testimonios de otros lugares, nos permite comparar y saber a qué pueden enfrentarse quienes abortan en otros lugares de España e incluso en otros países. No sólo eso, sino que los testimonios ofrecen una visión más o menos actual (aproximadamente la mitad de las experiencias tienen menos de cinco años), pero con una retrospectiva hasta finales de los años 80. 

También es importante indicar que varias participantes han contado más de un proceso, ya sean abortos espontáneos o voluntarios. Esto implica que para quienes expresan dolor, culpa, o incluso trauma, aunque algunos de sus procesos las hayan marcado más que otros, han tenido que pasar por ello varias veces. Por tanto, es fundamental ver este ejercicio como un aprendizaje que ayude a eliminar el tabú y fomente la empatía. No olvidemos que varias de las personas nos comentaron que querían hacerlo para poder ayudar a quienes van a pasar o están pasando por situaciones como las suyas.

En este primer escrito me quiero centrar en una visión más analítica de nuestro proceso, dejando la parte más emocional y casos particulares para futuros artículos. Sin embargo, no sólo es un tema sensible, sino que las situaciones por las que han pasado algunas entrevistadas revelan una injusticia muy desagradable que la sociedad y nuestras instituciones deberían esmerarse en corregir. Por tanto, las opiniones vendrán en textos consecutivos, aunque puede que algo se filtre ya aquí.

La gran mayoría de las mujeres con quienes dialogamos declararon no tener ningún tipo, o muy poca, información previa para afrontar el proceso que tenían por delante. Además, en muchos casos también se acusa falta de transparencia con ellas en el centro de salud, y quienes tenían algo de información previa normalmente se debía a algún embarazo previo o haber hablado con familiares que las hayan guiado. Pero, ¿qué pasa con quien no conoce a nadie que haya abortado? ¿Y con quien se siente avergonzada para preguntar? 

Tabú, juicio, y culpa. Son las palabras más repetidas, y están cargadas de moralidad, de una sociedad predispuesta a opinar sobre la decisión de la mujer.

despedida
Despedida

Bastantes más de la mitad de los casos que hemos podido escuchar definen el trato médico como malo, incluyendo brusquedades, dolor físico, trato condescendiente, indiferencia, juicios, maltrato psicológico o falta de empatía, entre otros. Como demuestran nuestros datos, el proceso ya es por sí mismo incómodo, doloroso, e incluso traumático, y hay quien confiesa que lo que más recuerda es lo mal que se sintieron (física o emocionalmente) con los profesionales sanitarios. Por supuesto, esto no representa todos los casos, y en aproximadamente un 27% dicen haber recibido un trato muy correcto por parte del equipo.

¿Qué ocurre después de abortar? Tan sólo cinco mujeres tuvieron algún tipo de seguimiento o acompañamiento profesional. En algunos casos un psicólogo o trabajador social puede tener una breve charla antes de, pero casi nunca hay un trato posterior. Apenas en un par de casos se les comenta que pueden tener acceso a un psicólogo si lo necesitan después, y un par de ginecólogos hacen un seguimiento del caso. Pero, ¿y  todas las demás? Varias personas han declarado que inicialmente pensaron no necesitarlo, pero al cabo de un tiempo sí que se les hizo necesario. Es más, en multitud de nuestras conversaciones nos dicen cómo es algo que han tenido que tratar en terapia posteriormente. Por tanto, surge la cuestión de si debería el sistema de salud hacer un seguimiento, tanto físico como terapéutico, de quienes pasan por sus consultas y quirófanos.

Brusquedades, dolor físico, trato condescendiente, indiferencia, juicios, maltrato psicológico o falta de empatía, entre otros, definen el trato médico que reciben tres de cada cuatro mujeres que abortan.

aborto abortado mujer caso
«Mi ex pareja y yo compramos este peluche con la idea de que fuera para nuestro primer hijo y bueno…»

La mayoría de casos que hemos compartido mencionan tres conceptos que resultan muy importantes en el proceso. Estos conceptos son tabú, juicio, y culpa. Son las palabras más repetidas, y están cargadas de moralidad, de una sociedad predispuesta a opinar sobre la decisión de la mujer. Aunque no todas las sensaciones tras la interrupción del embarazo tengan un carácter negativo, las palabras culpa, frustración, rabia o pena han sido usadas frecuentemente para describir cómo pueden sentirse. Al menos cinco personas sintieron satisfacción, cuatro alegría (una de ellas en un aborto no deseado), tres se describieron como aliviadas, dos relajadas, e incluso una dijo sentirse afortunada por poder usar su derecho, libre y empoderada, a la vez que alegre de que no hubiera sido una experiencia traumática.

Aproximadamente la mitad de quienes conversaron con nosotros nos dicen que el motivo de hacer la entrevista fue ayudar a quienes están pasando o han pasado por ello. Podemos ver cómo las deficiencias del sistema de salud pueden marcar la diferencia para muchas mujeres. A su vez, nuestra experiencia también nos dice que, aunque fueron muchas las personas que tienen una sensación con connotaciones negativas, a otras les ha marcado más la satisfacción de poder realizar su interrupción pese a lo doloroso que es el proceso. 

«No me ha sido difícil compartirlo con un extraño y me cuesta más hablarlo con un conocido, supongo que tiene su sentido.»

Si bien no es fácil hablar de este tema, tan polarizado en nuestra sociedad, esta primera entrega permite desarrollar una base sobre la que construir un relato. Considero que se puede llegar a algunas conclusiones sobre estos datos, como es por ejemplo que hay mucho margen de mejora en el trato médico, desde respetar la privacidad e intimidad hasta, sencillamente, no agredir a quien está pasando por un aborto. Vemos también como la mirada de la comunidad y el mismo proceso hacen que quienes pasan por una interrupción, voluntaria o no, del embarazo, se vean sometidas a juicios y a la culpa, para además, en muchos casos, llevarlo en silencio. Poder comentarlo nos acerca y nos permite ayudar a quien está pasando por algo que una buena parte de la sociedad ni siquiera comprende. Esta es la primera lanza a romper en este proyecto.

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