“He abortado. ¿Te lo cuento?” Acompañamiento.

La mitad de mujeres entrevistadas en el proyecto declararon participar para poder ayudar o acompañar a quienes estaban pasando por el proceso o ya habían abortado. Esto habla no sólo de la necesidad de no sentirse sólas, sino de las carencias que encontramos en nuestra sociedad cuando se trata del aborto. Estas carencias reflejan a la perfección el entendimiento que podemos tener la mayoría de la población sobre algo de lo que no se suele discutir abiertamente.

En el marco que nos ofrece un proyecto colaborativo entre la revista cultura La Bulla y la Asociación La Mandrágora, se han llevado a cabo decenas de entrevistas a mujeres que han abortado. Estos abortos, tanto espontáneos como voluntarios, han representado un proceso difícil para la mayoría de quienes compartieron su experiencia, muchas de las cuales dicen que no volverían a pasar por él. Pero después de escuchar estos testimonios, dudamos que el acompañamiento que tienen no sea uno de las causas para ello.

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«Mi ex pareja y yo compramos este peluche con la idea de que fuera para nuestro primer hijo y bueno…»

Como ya vimos en el análisis inicial, el sistema médico no siempre ayuda. Es más, ante la pregunta de si habían tenido algún tipo de acompañamiento profesional, tan sólo tres participantes dijeron que sí, dos de las cuales se referían a que sus médicos les habían visto de nuevo después del legrado para hacer un examen físico. El 80% de las entrevistadas dijeron no haber disfrutado de ningún tipo de seguimiento, aunque un pequeño porcentaje (14%) dijeron haber tenido una entrevista previa con un psicólogo o trabajador social. En algunos casos se sugieren grupos de ayuda o teléfonos de contacto, pero generalmente vemos que el seguimiento profesional es muy limitado, y varias mujeres nos cuentan haber buscado ayuda profesional por su cuenta.

Entonces, el sostén recae en la gente cercana a la paciente. ¿Quiénes son esas personas? En el 72% de los testimonios se indicó que era la familia el principal apoyo, aunque en algunos de los casos se especificó qué miembros de la familia, nombrando a las madres mayoritariamente, algunas tías y hermanas, y una sola persona mencionó el amparo del padre. La mitad de las entrevistadas fueron acompañadas por sus parejas (o ex-parejas), aproximadamente un tercio tuvieron a sus amistades como principal sostén, y en una ocasión, en la ilegalidad de los años ochenta, una mujer declaró no haber tenido ningún acompañamiento en ningún momento del proceso. 

El no estar sola durante, o después, del aborto no implica, en absoluto, sentirse acompañada. Habiendo escuchado a mujeres que eran abandonadas en la clínica, o que les hacían sentir culpables por la decisión que estaban tomado, es realmente importante prestar atención a cómo se realiza el acompañamiento. Aunque no haya una respuesta única a cuales podrían ser las necesidades de quienes pasan por el proceso, sí que hemos podido ver algunos patrones generales.

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    «La playa es donde siempre acudo cuando necesito sentirme viva y recuperarme por dentro.»

    No quitarle importancia: Frases como “ya vendrá otro” o “mejor que pase ahora y no más adelante” para quienes abortan de forma espontánea, son afirmaciones que denotan falta de comprensión por parte de quien las emite, aunque estas vengan con cariño. A su vez, varias personas que había pasado por un aborto voluntario afirman que tampoco quieren restarle nada a su proceso, ni intentar que pase ya. Es algo importante en sus vidas, y quieren que tenga su lugar.

  • No cuestionar: Un oído atento ha sido una de las respuestas más comunes, pero no necesitan que nadie cuestione sus decisiones, porque es un proceso lo suficientemente duro como para sumarle incertidumbre. Una vez que se toman, las decisiones no deben ponerse de nuevo sobre la mesa. Es más, varias entrevistadas afirmaban que les hacía sentir bien que les reafirmen o escuchar experiencias similares.
  • Juicios: Este es un temazo. Aunque se hable poco del aborto, cuando se menciona es algo muy polarizador en la sociedad. La mitad de las participantes tienen esto super presente durante su entrevista, tanto como para aconsejar a quien acompañe que evite comentarios que evoquen desaprobación, o juicios de valor. En ocasiones ni siquiera desean que se den opiniones, ni positivas ni negativas.
  • Hablar del ello: Un acompañante puede sentirse incómodo o no querer hablar de lo que está sucediendo o ya ha ocurrido. En la misma línea de no quitarle importancia, muchas mujeres quieren no sólo hablar de ello o que deje de evitarse la conversación, sino que tienen la sensación de que es algo que pasa rápido para los demás, y que pasado un tiempo ya no tiene lugar. 
  • Estar: Tan sencillo como estar presente, no dejarlas solas, es de gran ayuda. A su vez, aunque en varias ocasiones se menciona simplemente estar como importante, en otras se menciona la calma como condición en ese acompañamiento, es decir, no acaparar la atención o estar más nerviosas o nerviosos de lo que ya están ellas. Además, es muy importante el contacto físico y un trato cálido.
  • Apoyo y logística: Aunque parezca obvio, quienes van a abortar tienen ya suficientes cosas en la cabeza, y por eso dicen que es de ayuda que les quiten preocupaciones como: el transporte hacia y desde la clínica u hospital, los horarios que se necesiten saber, preguntar por información relevante, o agilizando gestiones, entre otras. Además, ante los posibles cuestionamientos de índole moral de los médicos, algunas participantes han comentado como sus acompañantes reaccionaron marcando límites al personal sanitario.

Familia, parejas y amistades tenemos una responsabilidad para con quien aborta. Mientras el sistema médico se actualiza y ofrece mejores servicios, el sostén recae sobre nosotros. La mayoría de respuestas que hemos escuchado son una llamada a la empatía, a darle su lugar a un evento importante en la vida de un ser querido. En diferentes momentos nos han comentado cómo los hombres, al no experimentarlo de la misma forma, ni en nuestros cuerpos, no llegamos a tener esa empatía que necesitan. Incluso cuando le damos espacio y participamos, puede faltarnos comprensión en los tiempos que necesita la persona que lo vive en su cuerpo. 

No evitarlo, ni juzgarlo, ni dejar salir comentarios que pueden hacer sentir mal a esa persona es crucial. Sólo estar desde el cariño, ofreciendo un oído y un abrazo (cuando se puede), puede ser, según la mayoría de las entrevistadas, algo que facilite un proceso lo suficientemente doloroso de por sí.

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